La Corte Penal Internacional y la justicia discriminatoria.
Este artigo foi originalmente publicado por Néstor Restivo no site Tektónikos. Leia o original aqui: [link].
Eugenio Raúl Zaffaroni es uno de los juristas más importantes de la Argentina y cuenta con una trayectoria internacional ampliamente reconocida. Ex juez de la Corte Suprema de Justicia en su país, legislador y convencional constituyente de la Nación, fue también juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y tiene una muy prestigiosa carrera docente, de consultor y de investigaciones sobre el derecho penal en Argentina y muchos otros países.
A la luz de los crímenes tan espeluznantes en Gaza, Irán y otros territorios, en los cuales los responsables se pavonean en la más inhumana impunidad, Tektónikos dialogó con él sobre el rol que juegan o deberían jugar la Corte Penal Internacional (CPI) u otros mecanismos de justicia universal.
—¿Cuál fue el sentido de crear la CPI? ¿Cuáles fueron las motivaciones en su origen?
—En rigor, los casos de crímenes contra la humanidad abrían lo que se llama la jurisdicción universal, cuando el país del territorio no podía o no quería juzgar a los criminales. En función de este principio de justicia universal fue que el juez español Baltazar Garzón pidió la extradición de nuestros genocidas. Este principio es muy generoso, pero al mismo tiempo bastante peligroso, porque puede dar lugar a situaciones arbitrarias e incluso generar cierto caos. En el último cambio de siglo, el Estatuto de Roma y la CPI vinieron a poner un poco de orden en esto, tenían como antecedentes tribunales ad-hoc creados por la Organización de las Naciones Unidas en función de los poderes que la Carta le otorga al Consejo de Seguridad, y también tribunales mixtos, con jueces nacionales e internacionales.
—Pero la CPI ha merecido algunas críticas por enfocarse casi exclusivamente en casos de África. ¿Eso puede evidenciar una suerte de ratificación del colonialismo? ¿Cuál es su opinión al respecto?
—El poder punitivo se ejerce siempre selectivamente, o sea que recae sobre los más vulnerables. Basta ver la composición de cualquier población carcelaria para verificar que van presos los más vulnerables social y racialmente, y que los que están cerca del poder son generalmente impunes, salvo que pierdan con otro poderoso y se los arrojen al poder penal. Esto no cambia cuando el poder punitivo se internacionaliza, es decir, que sigue siendo selectivo. No conozco casos de condenas a inocentes, o sea, de “lawfare” internacional: los condenados eran criminales, pero vulnerables.
—Le doy otros ejemplos. Casos como las masacres en Irak por parte de EE.UU. o en Gaza por parte de Israel parecen fuera de su alcance (aunque entiendo que la denuncia de Sudáfrica fue aceptada). ¿Por qué pasa esa doble vara y cómo remediarla?
—Esto está relacionado con lo que acabo de decirle: los invulnerables nunca son alcanzados por el poder punitivo, salvo que dejen de ser invulnerables porque perdieron. De momento, y en el actual contexto de poder mundial, no veo ninguna posibilidad de poner remedio a esta situación: la jurisdicción, los jueces, deben ser respaldados por el poder político, sea nacional o internacional, y la CPI, en caso de los actualmente invulnerables, no cuenta con ningún poder político que haga efectiva sus decisiones, sin perjuicio de que las potencias de los invulnerables ni siquiera ratificaron el Estatuto de Roma.
—¿Y entonces cómo debería actuar la CPI ante decisiones por ejemplo de Donald Trump o Benjamin Netanhayu?
—A ver. No se trata solo de la CPI, sino de todo el derecho internacional que se ve afectado por las bravuconadas y agresiones de estos personajes: se derrumba el derecho internacional. Pensemos –Dios no lo permita- que Hitler, el más terrible genocida de la historia, resucitase y ante la afirmación de Trump de que va a destruir una civilización, reaccionase observando que ni siquiera él hizo una afirmación semejante: “das ist zu viel!”, diría, “esto es demasiado”. ¿De cuántos homicidios es responsable Mr. Trump? ¿De cuántos el Sr. Netanhayu? ¿Qué pasa con el derecho? ¿Los jefes de Estado son los únicos que pueden matar impunemente desde un escritorio? ¿Existe el derecho cuando cada uno hace lo que su fuerza le permite hacer? ¿La “moral internacional” es la del propio Mr. Trump, como ha dicho? ¡No lo hubiera dicho mejor el “Übermensch” (superhombre) de Nietzsche! (solo que el pobre terminó hablando con un caballo).
—¿Puede haber un ocaso de la CPI en el marco del agotamiento de otras instituciones de la así llamada “gobernanza mundial”, a partir de la completa desaprensión de normas internacionales que propicia sobre todo EE.UU.?
—No puedo convertirme en adivino internacional. Lo que estamos viviendo, con el acelerado deterioro de los Estados Unidos, la debilidad de Europa y el surgimiento de nuevas potencias, es una decadencia civilizatoria.
—¿Y en ese marco cree que la CPI debería ser reemplazada por otro organismo, reformarse, abordar objetivos que incluyan en lo penal (o en paralelo) cuestiones que tienen que ver con la necesidad de un nuevo orden mundial?
—De nuevo, no puedo ser augur. Sí, puedo decir lo siguiente: Estados Unidos, que fue tomado históricamente como modelo de república y democracia, parece convertirse ahora en un modelo de partido único, que es el de los conglomerados y del complejo militar-industrial, cayendo rápidamente por el tobogán que advirtió Eisenhower hace sesenta y cinco años. No sé si esto es una crisis civilizatoria, porque “crisis” es un punto de inflexión y, en verdad, no sabemos si tocamos ese punto o estamos aún en caída libre, aunque me inclino por lo segundo.
—Y entonces, ¿cuál ve como mejor manera de enmarcar lo penal/criminal internacional en esta coyuntura? —Mire, la propia “teoría del caos” nos dice que el caos es inestable y tiende a organizarse. Sea en función de esto o como verdad de fe, lo cierto es que no creo que se extinga la humanidad en función de decisiones de poder de personajes patológicos. Quizá el desconcierto del momento se deba en buena medida a que nunca pensamos seriamente en la historia de esta civilización que ahora no puede ocultar su decadencia: esta civilización siempre fue criminal y cuenta en su haber con muchos millones de muertos, desde nuestros pueblos originarios y los millones de africanos esclavizados, hasta las guerras del opio, la colonización indonesia, la de la India con sus hambrunas y pestes, la de África con el Congo Belga (aunque no solo con éste), la de Oceanía que casi acaba con la población y, como coronación “civilizatoria” las dos brutales guerras mundiales interimperialistas y me detengo para no aburrir. Tal vez haya llegado el momento de una nueva civilización, no criminal o menos criminal al menos y, por ende, un nuevo orden que responsa a un mínimo de razón. Nunca olvido lo dicho por Martin Buber: el humano no es racional, pero con un pequeño esfuerzo puede llegar a serlo.
Este artigo foi originalmente publicado por Néstor Restivo no site Tektónikos. Leia o original aqui: [link].